ALFRED SCHUTZ: FILÓSOFO DE LAS CIENCIAS SOCIALES EN EL SIGLO XX

 

Alfred Schutz fue un científico social y a la vez un filósofo cuyas ideas vienen siendo cada vez más apreciadas alrededor del planeta, en diecinueve disciplinas distintas y a través de catorce lenguas. Quisiera ahora ayudar a que empiecen a comprender su pensamiento y quizá luego ustedes intenten leer su obra. Sus escritos se hallan entre los más fáciles de comprender por cualquier filósofo en el siglo XX. Pero no sólo hablaré sobre sus ideas. Alfred Schutz muestra además el modo como uno puede vivir una vida plena como ser humano. Se preocupó intensamente por su familia, sus amigos, sus estudiantes, y fue amado por todos ellos a su vez.

 

La vida de Schutz se divide en dos partes. Nació y creció en Viena, Austria, y trabajó ahí hasta la invasión nazi de 1938. Entonces, él y su familia huyeron a los Estados Unidos, a través de París, donde pudo estudiar, trabajar y enseñar por el resto de su vida. Antes de entrar en las historias entrelazadas de la vida y el pensamiento de Schutz, me permitiré precisar que el pensamiento de Schutz fue, cómo decirlo, la mejor palabra es “transdisciplinario”. Inicialmente, enseñó sociología y también filosofía, pero bien pudo haber enseñado economía o lingüística o ciencia política. Como ustedes ven, estaba interesado en el enfoque general y las ideas básicas compartidas por todas las ciencias sociales, no sólo tal o cual disciplina particular.

 

En cuanto a la infancia de Schutz, tenemos la suerte de que la esposa de Alfred, Ilse, fuese entrevistada para una historia oral proyectada en 1981.

 

Mi esposo nació en Viena, Austria, el 13 de abril de 1899. El nombre de su madre era Johanna Schutz, de soltera Fillia, quien nació el 19 de noviembre de 1873 en Checoslovaquia y murió aquí, en los Estados Unidos, el 28 de febrero de 1955.

 

Ilse sigue contando cómo el padre de Alfred, también llamado Alfred Schutz, murió casi dos meses y medio antes de que su hijo naciera, y cómo, después de algunos años, su madre contrajo matrimonio con el hermano de su esposo, Otto –una práctica usual por ese entonces. Su madre siempre tuvo muchas ambiciones sobre su hijo, y siempre fue el mejor en la escuela. Estudió ocho años de latín y ocho años de griego. No participó mucho en deportes porque su madre siempre trató de que hiciera cosas en las que era bueno. Cuando joven inició su interés de por vida en la literatura y la pintura. Realmente admiraba la Pietà de Bellini y la Novia judía de Rembrandt, pero su arte más querido era la música. El hijo de Alfred Schutz, George, nos contará cómo decía su padre que se interesó por la música cuando era joven.

 

Crecer en Viena significaba estar rodeado de música; y ello justamente parecía ser parte de la vida cotidiana. Así, mi padre iba a conciertos desde muy joven. La sala de recepción en la ópera era, ciertamente, una tradición. Ahí era donde se conocía gente, y afuera los barrenderos entonaban arias de óperas oídas la noche anterior. Y, desde luego, mi padre estudiaba sobre cualquier cosa que experimentara, y tengo la certeza de que fue a bibliotecas y investigó mucho. Finalmente, supo más de música que muchos profesionales que se acercaban a él por asesoría, pues su conocimiento era muy amplio.

 

Una vez que concluyó la secundaria a los diecisiete, Alfred Shutz se alistó en el ejército austríaco. Esto ocurrió en el tiempo de la Gran Guerra, la Primera Guerra Mundial. Pudo haber evitado el servicio por una infección crónica al oído, mas eligió no mencionárselo a los médicos, y más o menos esperaba morir. Se unió a la artillería y después del entrenamiento se le asignó la tarea de establecer y restaurar las comunicaciones entre las líneas de frente y los cuarteles generales. Dedicó diez meses en el frente, y después tuvo una licencia, tomando lo que demostró ser el último tren del frente a Viena. Al llegar, se dio con que la guerra había terminado y, con ella, la revolución que ponía fin a la monarquía.

 

Schutz comenzó de inmediato sus estudios formales en la Universidad de Viena. Su único beneficio como veterano de guerra fue poder graduarse en dos años y medio y no en cuatro, pero realizando, aún, la misma cantidad de trabajo. Estudió leyes con una especialidad en derecho internacional, y Hans Kelsen fue su profesor principal. Además se dirigió a la Academia Vienesa de Comercio Internacional. Y posteriormente le dijo a Talcott Parsons que venía “de los problemas más concretos de la economía y la teoría legal”.

 

Lo que pasó después, institucionalmente, es narrado por uno de los amigos más cercanos de Schutz, Fritz Machlup, el célebre economista. Fue entrevistado por George Schutz en 1980.

 

Creo que conocí a tu padre en 1924, en el seminario privado del profesor Mises, Ludwig von Mises, del cual éramos miembros tu padre y yo. A decir verdad sólo lo cursaba gente muy joven. Y todos los miembros estaban interesados en el trabajo transdisciplinario. De modo que había una multitud de abogados y no uno solo que hablase sobre leyes. Tu padre tenía un grado en leyes. La economía se enseñaba en la facultad de leyes. De modo que tu padre estuvo expuesto a cursos de economía desde un comienzo, pero a la vez su gran interés por la filosofía de la ciencia y la metodología hicieron que siempre estuviese interesado en el modo como los economistas intentan pensar, y en el modo como argumentamos, como razonamos, y en los métodos por medio de los cuales decidimos si algo es válido o inválido. Pronto me convertí en un gran oyente de las ideas de Schutz. Y hubo muchas, muchas veces en las que después de una reunión hablábamos durante horas. Recuerdo que hubo días cuando dejábamos de hablar a las tres o cuatro de la mañana, a menudo caminando por la calle, sólo hablando y hablando sin cesar. Y muy a menudo sentí una gran resistencia, resistencia interna, al modo como tu padre veía las cosas. Pero de pronto, muy a menudo comencé a aprender a ver el modo como razonaba. Por ello, yo me considero un discípulo devoto de tu padre.

 

Creo que es justo decir que, al participar en círculos intelectuales tales como el seminario “privado” (privät) de Ludwig von Mises, al igual que en diálogos intensos con personas como su amigo Machlup, Alfred Shutz siguió un curso avanzado de estudios multidisciplinarios en Viena.

 

Edmund Husserl, el filósofo que tuvo mayor influencia sobre Schutz, solía decir que era un hombre de negocios durante el día y un filósofo fenomenológico por la noche. Schutz mismo decía que era mejor hombre de negocios por ser un filósofo y mejor filósofo por ser un hombre de negocios.

 

Dos meses después de obtener su grado en leyes, su maestro, von Mises, le consiguió un trabajo con un grupo de veintisiete bancos vieneses. Supervisaba a diez personas, y trabajaba en proyectos que comprendían la reforma de la moneda para Austria y un préstamo para la Liga de las Naciones. En 1927 Schutz se convirtió en oficial ejecutivo para el banco privado de Reitler and Co. donde tenía que supervisar a sesenta personas, siendo su jefe Robert Lambert. Poco antes de la guerra estuvo involucrado en la reorganización de la participación internacional de R. Dreyfus and Co., cuyos intereses incluían a la cervecería Heineken. Por el resto de su vida, Schutz mantuvo puestos similares con las mismas compañías en Viena, París, y posteriormente en Nueva York.

 

Tras seis años de noviazgo, Alfred Schutz e Ilse Heime contrajeron nupcias en 1926. Casi sonaba a cuento de hadas la historia, que mi madre contaba, de cómo se conocieron, cómo mi padre y ella se conocieron. Cuando niña siempre había soñado que conocería a su esposo en lo alto de una montaña y fue exactamente así como se conocieron. Ella escalaba con un grupo de chicas por un lado de la montaña; él subía con un grupo de muchachos por el otro, y se encontraron en la cima. Mi madre aclaraba que por esos días se socializaba en grupos y no en pareja. Así, muchas de estas amistades que después se volvieron sumamente importantes se iniciaron cuando mis padres eran muy, muy jóvenes.

 

Durante los primeros años de este matrimonio, y antes de que tuviesen hijos, Ilse acompañaba a Alfred en viajes de negocios y de vacaciones.

 

Alfred Shutz trabajaba además en un libro durante los años veinte. Esta grabación, registrada años después, refiere el desarrollo más crucial en este esfuerzo.

 

Durante mis primeros días de estudiante, mi interés se centraba en los fundamentos filosóficos de las ciencias sociales, especialmente en la sociología. Por ese tiempo, estaba bajo el hechizo del trabajo de Max Weber, en especial por sus escritos metodológicos. Muy pronto reconocí, sin embargo, que Max Weber había forjado las herramientas que necesitaba para esta investigación concreta, pero que su principal problema –comprender el significado subjetivo que una acción social tiene para el agente– necesitaba un fundamento filosófico mayor. Mi profesor de filosofía del derecho, Hans Kelsen, aseguraba que había hallado dicho fundamento filosófico en la enseñanza de la escuela neokantiana, pero ninguno de los trabajos de Cohen, Natorp, como ninguno de los escritos tempranos de Ernst Cassirer, me abrió una vía de aproximación al problema que me interesaba. Sin embargo, la filosofía de Bergson me impresionó profundamente. Estaba convencido de que su análisis de la estructura de la conciencia, y especialmente del tiempo interno, podía usarse como punto de partida para interpretaciones de nociones básicas no esclarecidas de las ciencias sociales, tales como significado, acción, expectativa y, ante todo, intersubjetividad. Por ese entonces yo estaba estrechamente vinculado con el Felix Kaufmann tardío, quien trabajaba en su primer libro, Logik und Rechtswissenschaft, en el cual intentaba fundar, con éxito, la teoría pura del derecho de Kelsen en los descubrimientos lógicos y epistemológicos de Husserl. Fue él quien me alentó a estudiar las Investigaciones lógicas, y el primer volumen de las Ideas, el único publicado entonces. Esto lo hice con el mayor cuidado, mas, pese a mi admiración, no pude hallar en estos libros el puente a los problemas que me interesaban. Entonces, en 1928, se publicaron las Lecciones sobre la conciencia interna del tiempo. Adiestrado por mi estudio de la filosofía de Bergson, inmediatamente encontré comprensibles el pensamiento y el lenguaje de Husserl, y cuando en 1929 apareció la Lógica formal y trascendental y fue puesto en el centro el problema de la intersubjetividad, reconocí la importancia del pensamiento de Husserl para todas las cuestiones que me preocupaban. Desde un inicio estuve más interesado en lo que Husserl llamó después, en el Epílogo de las Ideas, “fenomenología de la actitud natural”, que en los problemas de la fenomenología trascendental. Sentí que la importancia central de la fenomenología para cualquier intento de explorar la realidad social consistía en el hecho, también establecido por Husserl, de que todo conocimiento alcanzado por el análisis de la esfera trascendental reducida se mantenía válido dentro de la actitud natural. En un libro publicado en 1932, traté de usar mi interpretación de la fenomenología de Husserl y la metodología de Weber como punto de partida para un análisis de la estructura de significado del mundo social.

 

Schutz envió una copia de su libro a Edmund Husserl. Husserl lo apreciaba enormemente y lo recibía tres a cuatro veces por año, hasta su muerte en 1938. Alfred Schutz no estaba de acuerdo con algunos aspectos de la filosofía de Husserl, pero se consideró a sí mismo un fenomenólogo por el resto de su vida.

 

La obra maestra de Schutz tiene cinco partes. Me permitiré hablar únicamente sobre dos de ellas. Una está dedicada al significado subjetivo, noción que Schutz toma de los escritos de Max Weber. Y es interesante que el profesor Mises asignara a Schutz el estudio de estos escritos para el seminario privado. Los significados subjetivos son los significados que los objetos, acciones, relaciones tienen para los agentes en el mundo social; se relacionan con dichos agentes. A veces me gusta llamarlos “interpretaciones desde adentro”, y entonces contrastan con lo que uno llamaría interpretaciones desde afuera, que otras personas tienen de esos objetos y acciones, y así sucesivamente. Llegado este punto podría ser útil un ejemplo. Supongamos que uno está caminando en el campo, y ve a un hombre cortando madera. Ve lo que está haciendo, pero no lo entiende realmente. Puede que sea un hombre de ciudad que ha salido a practicar con un hacha. Quizá está cortando madera a fin de almacenarla para el invierno. Quizá sólo está malhumorado y procura deshacerse de su furia. No se entiende el significado subjetivo justamente porque uno observa su balanceo del hacha contra piezas de madera. Para comprender la acción uno debe alcanzar el significado subjetivo o la interpretación desde adentro que el agente mismo tiene para esa acción. A menudo esto es distinto de las interpretaciones que tienen los demás, las interpretaciones desde afuera podría decirse. ¿Cómo se alcanzan? Bueno, la mejor manera consiste simplemente en entrevistar a la persona, preguntarle. Mas, en el caso de los actos rutinarios, uno puede estar simplemente alrededor de ellos y ver la acción cual si la construyese y la acción como parte de él. Así, la línea de base en ciencias sociales, para Alfred Schutz, está en que el científico tiene que entender los significados subjetivos que las acciones, objetos y demás tienen para los actores sociales. En verdad, cuando una teoría es desarrollada en ciencia social sus términos deben tener sentido para los actores.

 

Ahora bien, antes de decirles algo más sobre su obra maestra, debo mencionar que Schutz sólo fue capaz de producirla porque su esposa, Ilse, se había convertido en lo que ella llamaría después su “secretaria científica”. Ilse tomaba el dictado y tipeaba no menos de diez borradores antes de que el libro estuviese acabado, y lo ayudó de este modo varias veces durante el resto de su vida. Debo mencionar además al amigo japonés de Schutz, Tomoo Otaka. Era un filósofo del derecho que posteriormente ayudó a redactar la constitución japonesa de posguerra y es visto aquí en una visita a Husserl con su familia. Estuvo en Viena para comprar libros y proporcionó la subvención para publicar el libro de Schutz, afirmando que el dinero venía del presupuesto de su gobierno, cuando realmente se trataba de su propio dinero.

 

Literalmente, el título de Schutz en español se traduciría como La estructura significativa del mundo social, pero esta traducción creativa no es en realidad tan equívoca. ¿Pero cuál es la estructura más general del mundo social? En primer lugar hemos de observar que el mundo social está hecho de otros, otras personas. La palabra latina aquí es socii, y de ahí tenemos la palabra “social”. En segundo lugar, podríamos vernos tentados a dividir el mundo social en lo viviente, lo muerto y lo nonato. Pero Schutz prefiere usar palabras que se relacionan con un yo. Por consiguiente, tenemos contemporáneos vivos, y luego tenemos predecesores muertos, y por supuesto sucesores que aún no han nacido. Luego podemos reconocer que hay dos formas en que podemos relacionarnos con los otros. Una es, como ya sabemos, comprendiéndolos. La otra es actuar sobre ellos, o tener una influencia sobre ellos. Es interesante que podamos influir en nuestros sucesores, por ejemplo, escribiendo un testamento, pero no podemos comprenderlos; no han nacido aún. En cambio, sí podemos comprender a nuestros antecesores, cuando nos dejan escritos o imágenes o algo, mas no podemos actuar sobre ellos. Sus vidas se han acabado; están muertos.

 

Lo interesante sobre la gente al mismo tiempo viva es que puede haber reciprocidad. Así, cuando compartimos un lugar, usted está en el mismo espacio y en el mismo tiempo; usted puede comprender a las otras personas directamente, pero ellas también pueden comprenderlo a usted directamente. De forma semejante, usted puede influir sobre ellas directamente, y ellas a su vez también pueden influir sobre usted directamente. Hay otros a quienes usted puede influir y entender indirectamente, quizá a través del teléfono o escribiendo una carta, y puede mantenerse entonces esta reciprocidad para con la gente que está viva al mismo tiempo que no se tiene con antecesores ni sucesores. Así, para Schutz la estructura del mundo social tiene cuatro regiones: antecesores y sucesores, “consociados” quienes comparten un lugar, y contemporáneos quienes están vivos al mismo tiempo mas no comparten el mismo lugar. Como pregunta esto es algo divertido, quizá aún los científicos no se preguntan mucho sobre ello, mas para un filósofo es una muy buena pregunta, y lo que Schutz ha descrito se sostiene para cualquier mundo social, no sólo éste o aquél, sino todos los mundos sociales.

 

En 1932, tras publicar su libro y atraer cada vez más atención, Schutz ya viajaba de ida y vuelta entre Viena y París, y prestaba visitas a Edmund Husserl en el camino. Su hija Evelyn nacía en 1934 y se sentía muy dichoso. Intelectualmente, trabajaba en su segundo libro. De pronto, el mundo en Viena se dividió, como George Schutz recuerda.

 

Nací hacia finales de febrero en Viena, Austria, aproximadamente una o dos semanas antes del Anschluss, cuando los alemanes se anexaron Austria a la fuerza. Ella estaba realmente aún en el hospital cuando las tropas marcharon bajo la ventana. Mi madre dijo que realmente debíamos partir. Mi padre pensaba que no había razón para partir pues no habíamos hecho nada malo. Y mi madre pensaba que ser judío era razón suficiente. Así, fui pasado de contrabando del país en el coche de muñecas de mi hermana cuando mi familia fue a París en 1938. La cuota para austríacos que aspiraban a volverse americanos en realidad se quebró en el medio de mi familia, así que mi madre fue forzada a ir a los Estados Unidos a fijar residencia, y no fue hasta un año después, en 1939, que tomamos un barco para emigrar a los Estados Unidos.

 

Mientras Ilse iba a Nueva York a fijar residencia para la familia, Alfred permaneció en su trabajo en París. Tal parece, por lo que se desprende de los extensos archivos de cartas, que igual seguía muy ocupado escribiendo cada noche para alentar y ayudar de otras formas a la familia y a los amigos personales y profesionales en ese tiempo difícil. Ante todo estaban sus padres y los de Ilse. Otras personas ayudaron antes, durante y después de la guerra a incorporar a su maestro, y después amigo, Ludwig von Mises. Y luego estaban Hans Kelsen, Sigfried Kracauer, Ludwig Landgrebe, Jean Herring y Jacques Maritain. Este telegrama comunica que Schutz había conseguido arreglar un empleo en la Universidad Johns Hopkins para Aron Gurwitsch, a quien había conocido por recomendación de Husserl en París, en 1935. Ese empleo hizo posible que Gurwitsch y su esposa emigraran desde París. En los Estados Unidos, Schutz también guardó estrecho contacto con sus amigos de Viena. En ellos no sólo se incluía Fritz Machlup sino además Emmanuel Winternitz, Felix Kaufmann, Eric Voegelin, y su condiscípulo Friedrich von Hayek.

 

En los Estados Unidos la carrera de negocios de Schutz continuó con las mismas firmas de banca privada y además continuó estudiando y escribiendo de noche después de que su familia iba a dormir. Pero además tuvo la oportunidad de llevar una carrera docente en la Facultad de Graduados de Ciencias Políticas y Sociales de la New School for Social Research. Enseñaba en la noche a fin de poder volver a casa, comer con su familia y regresar, enseñando inicialmente un curso por semana y convirtiéndose, finalmente, en profesor a tiempo completo y catedrático de sociología y filosofía. Schutz se interesó por la New School cuando el sociólogo Albert Salomon lo llevó al seminario general, que era algo así como lo que había experimentado con Ludwig von Mises en Viena, dos décadas antes. Tenía además a su antiguo amigo de Viena, Felix Kaufmann, quien murió en 1949 y a quien reemplazó en la cátedra de filosofía. Más adelante, Dorion Cairns, a quien había conocido en la casa de Edmund Husserl durante los años treinta, se unió a él en la filosofía.

 

Alfred Schutz se hizo ciudadano norteamericano en 1944. Estaba orgulloso de servir como consultor para la administración Roosevelt sobre el modo como las economías centroeuropeas podrían reconstruirse después de la guerra, y claramente se interesó en este nuevo sistema político. Su investigación estaba mayormente centrada en temas concretos y prácticos. “El extraño” describe lo que ocurre cuando las personas que llegan a vivir a un país nuevo se dan con que su conocimiento básico, indefinido, deja de trabajar, y tienen que aprender un nuevo patrón cultural. Mencioné antes que él usaba su experiencia como veterano de la Primera Guerra Mundial para analizar lo que sucedería cuando los veteranos regresasen de la Segunda Guerra Mundial. Incluso reflexionó sobre si podía haber racionalidad en el mundo social.

 

Con respecto a la vida familiar, Ilse y Alfred comenzaron a exponer a su joven hijo a la música.

 

Empecé con mi madre, aprendiendo a leer música en el piano. Y mi padre reconoció que, cuando yo era muy joven, me enseñó a leer partituras. Y la ironía es que cuando tenía seis años tuve un accidente que hizo imposible que volviese a leer música, de modo que tuve que aprenderlo de un modo enteramente distinto, que consistía básicamente en su explicación de la estructura de una pieza y de ahí a memorizarla línea por línea y ver cómo encajaba todo junto. Y un efecto interesante fue que, si alguna vez me perdía mientras tocaba una pieza, podía encontrar mi camino de vuelta recordando la estructura que él me había enseñado. En cambio, si sólo aprende de oído, es probable que usted tenga que regresar al inicio y hacer el trámite completo una vez más antes de poder memorizarla.

 

Ahora me permitiré hablar sobre el ensayo más famoso de Alfred Schutz, “Sobre las realidades múltiples”, publicado en 1945. El título proviene de una de las obras tempranas de William James. Éste es un diagrama del modo en que Schutz compara y contrasta cuatro actitudes mentales de seis maneras. Me permitiré referir sólo tres puntos. En primer lugar, cuando uno está en una actitud uno cree en un conjunto de objetos y suspende su creencia en objetos de las otras tres actitudes. Epochè es la palabra filosófica para suspensión de la creencia. Y cuando uno cree en algo, es una realidad para uno mismo. Y de ahí el título de este ensayo. Así, cuando uno cree en el mundo del trabajo práctico cotidiano, las creencias en los objetos de la imaginación, el ensueño y la teoría se suspenden. Y cuando uno cree en objetos imaginarios, por ejemplo al observar una representación teatral, el mundo del trabajo es temporalmente suspendido, como también los mundos del ensueño y la teoría.

 

En segundo lugar, aquello en lo que directa o indirectamente uno cree –en las actitudes del trabajo práctico y la teoría– está muy bien organizado, mientras que los mundos de la imaginación y especialmente del ensueño no. En tercer lugar, hay lo que Schutz llama socialidad. En este sentido, dos o más personas pueden actuar juntas en un trabajo, obviamente. Y también pueden hacerlo en imaginar. Por ejemplo, como hacen los niños en sus juegos de hacer-creer. Sin embargo, uno puede soñar sobre los demás, mas no puede soñar con los demás, como sí se puede, en cambio, trabajar e imaginar con los otros. Y teorizar es como soñar. Cuando realmente se hace, necesariamente se está solo o solitario. El propósito central de Schutz en este análisis es un contraste del trabajo que se da en la vida práctica cotidiana con el pensamiento teórico científico en el cual se construye el mundo. Éste es un análisis fascinante, mucho más detallado de lo que puedo exponer, en especial para el filósofo de la ciencia.

 

Hubo dos continuaciones del ensayo de Schutz. En el primero usó la novela de Cervantes, Don Quijote, para ilustrar su análisis. Su amigo mexicano, Luis Recasens Siches, quien aquí está de pie justo detrás de Ortega y Gasset, lo tradujo, y fue publicado por el gran fenomenólogo Eduardo Nicol. La otra continuación de “Sobre las realidades múltiples” es el importante ensayo en el cual Schutz continúa explorando el modo como usamos símbolos en el arte, la religión y la ciencia a fin de creer en los objetos más allá de la realidad de la vida cotidiana. Los ensayos de Schutz fueron escritos en el lapso de años. No sólo trabajaba en ellos por la noche, sino que además trabajaba en ellos cuando salía de vacaciones con su familia.

 

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Otro nombre para la filosofía de la ciencia social es metodología. La metodología de Alfred Schutz se centra en el modo como los modelos científicos del mundo social están construidos en el pensamiento. Esta teorización, como puede también llamarse, se da desde luego en la actitud teórica, de la cual ya hemos oído hablar. Más aún, lo que se alcanza, en última instancia, son aquellos significados subjetivos de los que ya hemos oído hablar. La mejor declaración de Schutz sobre la metodología de las ciencias sociales fue publicada en 1953 y reimpresa como el primer capítulo del primer volumen de sus Obras completas.

 

Permítanme pedirles que se imaginen un ejemplo familiar. Supongan que hay una tienda con algunas docenas de clientes dando vueltas y quizá una docena de vendedores. Los papeles que clientes y dependientes desempeñan no son exactamente los mismos. Los dependientes deben estar a la mira de los ladrones. Los clientes no lo hacen. Podrían fijarse en el modo como un cliente va vestido, cómo se comporta, cómo se mantiene de pie, cuán viejo es. En resumen, lo que hacen es construir un tipo de perfil, lo que Schutz y Max Weber llamarían un “tipo ideal” de cliente sospechoso, el cliente que podría ser un ladrón. Puede haber otra perspectiva en esta situación. El científico social puede interesarse en cómo los dependientes forman sus tipos ideales de clientes sospechosos. ¿Cómo se hace eso? Puede entrevistar a esos dependientes; puede observar cómo se comportan. Se llama observación del participante. Luego, los científicos sociales pueden pensar en éste y formar sus propios tipos ideales sobre el modo como los dependientes interpretan que algunos clientes potenciales son ladrones. Entonces puede haber aún otra perspectiva, que es la perspectiva del metodólogo. Porque el metodólogo está interesado en el modo como los científicos sociales interpretan el modo en que los dependientes interpretan a algunos de sus consumidores. Así, hay tres niveles de interpretación aquí. Y esto es básicamente lo que un metodólogo hace de acuerdo con Alfred Schutz.

 

En 1955 y 1956, el pensamiento de Alfred Schutz se volvió una vez más hacia temas prácticos. Fue invitado a un instituto por dos semanas y además a dos conferencias auspiciadas por el Seminario Teológico Judío de los Estados Unidos. El interés no estaba en la equidad de los egresos, sino más bien en la equidad de las oportunidades. La contribución principal de Schutz es, yo creo, su mejor ensayo. Digo esto no tanto por su enfoque en problemas reales, que ya estaba presente en sus ensayos sobre el extraño, el que regresa a casa, y el ciudadano bien informado, sino porque enfocaba relaciones entre grupos sociales. En su trabajo previo el enfoque estaba en yoes individuales relacionados con otros, no en grupos. Los participantes inicialmente consideraban grupos basados en status colonial, religión, raza, aún sexo. Y en las discusiones Schutz halló oportunidad de comentar sobre grupos basados en la edad. Así que él estaba en oposición a lo que hoy es llamado “edadismo”.

 

Los participantes decidieron concentrarse en las relaciones entre afroamericanos y europeo-americanos o, en palabras de aquel tiempo, negros y blancos. Después de todo, el Presidente Eisenhower enviaría tropas a Little Rock, Arkansas, al año siguiente con el fin de ejecutar la decisión de la Corte Suprema de Brown contra el Comité de Educación, que inició la integración racial de las escuelas públicas en los Estados Unidos. Thurgood Marshall, quien ganó el caso ante la Corte Suprema y acabó convirtiéndose en miembro de esa Corte, está sentado tres asientos a la derecha de Schutz en esta imagen de una conferencia en 1955. Los participantes luchaban todos para hallar un terreno intermedio entre las ideas abstractas, filosóficas y teológicas por un lado, y las ideas de sentido común que guían la conducta de las personas en la vida cotidiana, por otro. La mayoría de los demás partió de principios abstractos, pero Schutz estaba característicamente interesado en enfocar la igualdad de oportunidades desde el lado del sentido común cotidiano. Por supuesto él confiaba en los significados subjetivos, o interpretaciones desde dentro, que comparten los individuos que pertenecen a grupos. Más aún, él confiaba en su experiencia en el Imperio Austro-Húngaro, que era un imperio bastante multicultural.

 

Hay dos tipos de grupo minoritario. Uno busca conservar la totalidad de su modo de vida, su cultura íntegra, dentro de la sociedad y ser, con todo, tratado como igual. Los miembros del otro buscan adoptar el modo de vida de la corriente central de la sociedad y volverse asimilado. Schutz reconoció ambos tipos. El primer tipo es hoy día llamado “multiculturalismo”. En particular Schutz se refiere al contraste entre las prioridades de sentido común de los afroamericanos y de los europeo-americanos que fue descubierto por Gunner Merdall. Hay así diferencias en los valores y perspectivas culturales, pero hay además ideas de igualdad que han derivado de la filosofía y la religión. Por último, Schutz llama claramente la atención sobre el factor de la clase social, y en consecuencia sobre el poder económico y político entre los grupos que buscan igualdad y aquéllos en posición de concederlo o no. Asimismo, demanda que la educación efectúe un cambio y reduzca las tensiones sociales. Su pensamiento de los años cincuenta no es irrelevante ahora.

 

Alfred Schutz estuvo al servicio del movimiento fenomenológico todo el tiempo que vivió en América. Mucho de esos veinte años está documentado en su correspondencia con su amigo, Aron Gurwitsch. Junto con Dorion Cairns y Aron Gurwitsch, y también Herbert Spiegelberg, fue miembro fundador de la sociedad fenomenológica internacional bajo el liderazgo de Marvin Farber en 1940 y miembro activo en la edición de su revista, Philosophy and Phenomenological Research, desde entonces. Pronto, después de la guerra, volvió a Europa regularmente por negocios y, en consecuencia, comenzó a participar en el desarrollo de la fenomenología en Europa. Ayudó al padre van Breda a desarrollar los Archivos Husserl, una de cuyas ramas fue establecida en memoria de Schutz en la New School en 1969. Aceptó un encargo de Maurice Merleau-Ponty para escribir algo sobre la obra de Max Scheler, y ofreció varias conferencias sobre fenomenología. Pero cuando Schutz llegó al final de su cincuentena,  su salud comenzó a declinar. La razón por la cual dibujó este autorretrato frente a su librero, una noche en casa, no es conocida.

 

Me permitiré transmitir dos semblanzas personales de Alfred Schutz, la primera más formal que la segunda. El estudiante de Schutz, Fred Kersten, leerá del obituario que Aron Gurwitsch publicó en Philosophy and Phenomenological Research:

 

El 20 de mayo de 1959 Alfred Schutz murió en la ciudad de Nueva York. Alfred Schutz fue una persona de un tipo casi único. Tuvo una amplia variedad de intereses, la cultura general más profunda, una imagen cosmopolita. En verdad es muy raro que uno encuentre a un hombre de aprendizaje tan completo, y perfecta competencia en campos altamente diversos, como fue el caso de Schutz en filosofía, ciencias sociales, música y literatura. Todo cuanto emprendió lo hizo desde la perspectiva de su conocimiento extenso y abarcante. Su mente era tan penetrante, aguda e incisiva como cálido y generoso era su corazón. Había algo radiante en él. Él tomaba responsabilidades que a menudo parecían sobrepasar las capacidades de un solo hombre. El académico universalmente respetado de reputación internacional era, al mismo tiempo, un hombre urbano y de mundo, un caballero con toda la nobleza de carácter que esta palabra connota.

 

Casi treinta años después, la personalidad de Alfred Schutz permanece especialmente vívida para su esposa, su hijo, y su íntimo amigo, Machlup.

 

Él contaba chistes por horas y nos dejaba a veces llorando.

Amaba sus propios chistes mucho más que los chistes del resto.

Y reíamos.

Y reíamos.

Y la alegría con la que reíamos; era realmente emocionante que con todo su pesimismo y depresión pudiese contar chistes, era un hombre diferente.

Creo que las personas respondían a su risa casi más que a los chistes mismos.

Exacto, eso es correcto.

 

Gracias a los vastos esfuerzos de la viuda de Alfred Schutz, Ilse, en las décadas que siguieron a su muerte, hoy en día su trabajo es conocido prácticamente en todas las naciones sobre la tierra. Su hija, Evelyn Schutz Lang, continúa sus esfuerzos.

 

Publicaciones póstumas de Alfred Schutz:

 

On Phenomenology and Social Relations

Reflections on the Problem of Relevance

Strukturen der Lebenswelt

Life Forms and Meaning Structure

The Theory of Social Action

 

Algunas traducciones:

 

The Phenomenology of the Social World

Fenomenología del mundo social

Alfred Schutz Gesammelte Aufsatze

La fenomenologia del mondo sociale

El problema de la realidad social

Hverdagslivets sociologi

Alfred Schutz Talcott Parsons Zur Theorie sozialen Handelns

A Fenomenologia a Tarsadalom-Tudomanyban

//(cannot read last)//

 

Algunas monografías y volúmenes de ensayos sobre Schutz:

 

Phenomenology and Social Reality

Phenomenological Sociology

Alfred Schutz: An Intellectual Biography

Alfred Schutz: Appraisals and Developments

Worldly Phenomenology

Neue Beitrage zur Rezeption seines Werkes

Philosophers in Exile

La comunicación en la vida cotidiana

Phénoménologie en sciences sociales

 

Estudiantes y seguidores tempranos:

 

Maurice Natanson

Fred Kersten

Dick Zaner

Helmut Wagner

Thomas Luckmann

Richard Grathoff

Ilja Srubar

Harold Garfinkel

Kurt H. Wolff

Peter Berger

 

Archivos:

 

The Beinecke Rare Book and Manuscript Library, Universidad de Yale

Sozialwissenschafts Archiv, Universidad de Constanza

The Archival Repository of the Center for Advanced Research in Phenomenology, Inc., Universidad de Memphis

The Alfred Schutz Archive, Universidad de Waseda, Tokio

 

 

Texto y Realización de Lester Embree

Traducción de Martín Oyata; revisión de Rosemary Rizo-Patrón

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